miércoles 9 de julio de 2008

Carta a una esposa

Amor:

Lo siento. En aquel lugar había demasiadas mujeres.
Me sentí profundamente excitado aunque no llegase ver a ninguna de ellas. Sabía que estaban allí porque escuchaba el eco de sus gemidos lujuriosos.
Soy un hombre débil. Me extravié en aquel laberinto y, ya perdido, me encerré en mi mente buscando una concentración que no podía conseguir.
Realicé, incluso inmóvil en aquel punto oscuro, numerosos viajes de ida y vuelta al interior de... lo siento. No sé expresarme con claridad.
Espero que puedas perdonar a este pedazo de hombre en que me he convertido.

Lady Esbex, tuyo, tu Lord. Ya estoy en casa.

1 comentarios:

L. Ex. dijo...

No hay necesidad de disculpas, hombre mío.
Con sólo conocer la virilidad de su hazaña ya me queda claro que tal proeza iba a quedar sin mancha viniendo de vos.
Ya solo espero que repose su cuerpo magullado por tales martillazos de casco para curarlo (¡Capullo! Digo.....) a besos.


Espero haber bienusado este vueso lenguaje hombril que esta mujer bdabdea.



Siemcho vuestra.

Lady Esbex.