miércoles 6 de agosto de 2008

Poluciones

Se despertó a medianoche como todos dirían: jadeante, sudorosa y asustada. Aún confusa, se incorporó en la cama, tanteó con una mano las sábanas, enredadas en su figura desnuda de constitución predecible, y se las llevó a la boca para morderlas con lujurioso nerviosismo. Bendijo aquella pesadilla porque estaba enamorada del pánico y era amante del malestar. Sus dientes de conejo insomne anhelaban el tacto de alguna fruta nocturna.

Sus piernas temblaban y lloraban de ansiedad. Movió la cabeza con brusquedad, sacudiendo el aire con su larga melena oscura. Lo primero que vio durante aquella alterada excursión por su cuarto fue la puerta: allí estaba, guardiana de su intimidad y hervidero de boca débil. Después se fijó en los huequecitos de la persiana bajada: había docenas de felinos escudriñando la habitación. Suspiró, probó sus labios y se relajó de nuevo en el colchón.

Comenzó a buscar en su intimidad algo con lo que alimentarse. Tan vigilada como se sentía no era capaz de expresar la dicha que le provocaban los éxitos de su exploración, así que descargó su frenesí hiriendo a la almohada con las uñas holgazanas. Pronto se convirtió en una persona borrosa, sin rostro ni contenido; al final, de ella tan sólo quedaron lágrimas atrayentes.

Yo tan sólo imaginaba.

1 comentarios:

Esther dijo...

Ooh, erotismo sugerido... genial genial y, sobre todo, me ENCANTA el segundo parráfo, es buenísimo!


Día 6 lalalalaaaaa ^^


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(*aprieta fuertemente las manos contra el pecho y las suelta, como dejando ir una mariposa, mientras dice: "bdaaa" XDDD)