En ese espacio tan recordado suelen quedar las estrellas del cielo nocturno.
Parece que nadie ha dado buena cuenta de ellas: siguen donde estaban desde hace milenios, sustituyendose unas a otras, a la espera de que alguien concluya su papel.
Quizá vuelva a mirarlas antes de que llegue ese momento. A lo mejor se están yendo por sí mismas sin aguardar a que definamos un desenlace.
Opino que sería lo mejor. Dudo que alguien esté a la altura de condenar a algo que no haya creado a la prisión de su opinión.
Mientras tanto, una cara del globo pierde fuelle. Sus colores de plástico se funden en un brillo industrial, y ya nadie recuerda a las cenizas, recuerdos del fuego de la creación, que antes alumbraban las noches antiguas.
Ávaros afortunados como yo consiguen su propia estrella en la tierra. Pero parece que yo soy mejor que esos buscadores de tesoros.
martes 2 de septiembre de 2008
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1 comentarios:
Ah... me encanta º_º
por cierto, sé de un sitio en el que las estrellas se ven de perlas :P
TeA!:****
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