miércoles 10 de septiembre de 2008

Personas especiales

-Seguro que allí hay gente interesante -dijo, emocionada.
-Es la universidad, Ana. ¿Qué si no?
Cuando el semáforo cambió, Ana y Álvaro reanudaron el paseo hacia la plaza, abandonando la compañía de una mujer mayor que esperaba junto a ellos y andaba más despacio.
-Tenía tantas ganas de venir aquí... -Ana, aunque bajita, llevaba los últimos meses en una gran nube.
-Ya somos dos. Estaba cansado de aquel sitio -Comentó Carlos, apartandose tras Ana para dejar pasar a un par de peones que cargaban con una escalera.
La nueva ciudad había alimentado su ilusión de jóvenes adultos. No había esquina que no les resultase atractiva, casi mística, en aquel nuevo hogar.
-¡Por fin gente nueva! ¡Choca esos cinco! -Gritó la joven universitaria, levantando la mano.
-¡Choca!-Siguió el futuro doctor.
El choque espantó a algunos pájaros cercanos, que echaron a volar. Uno de ellos pasó cerca de Ana y la alborotó el pelo. Ella rió y continuó el resto del camino brincando.

-Admitido. Admitido. Admitido. Admitido. Admitido...
-Admitidos todos -Lucía, la secretaria de la facultad de Ana, repasó de nuevo los papeles pendientes.

-Pasa. Pasa. Pasa, pasa, pasa...
-Entran todos -Olga, la secretaria de la facultad de Álvaro, repasó de nuevo los papeles pendientes.

Gente especial. Especial, especial, especial, especial...

1 comentarios:

Esther dijo...

Uah qué bueno! Y se archivan como corderitos en el redil pensando que tras la valla se encuentran las ovejas níveas con la lana más atractiva, elegante, exquisita y exótica que hayan podido imaginar..

(Idiótolas)


Muy pero que muy bueno milord! teA!