Voy a mostrar un fragmento del "Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres" (Jean-Jacques Rousseau, el ejemplar a mi lado concrétamente de Aguilar, 1966, 4ª edición) que me parece interesantísimo:
«Cada objeto recibe desde luego un nombre particular, sin consideración a los géneros y a las especies, que estos primeros fundadores no estaban en condiciones de distinguir; y todos los individuos se presentaron aislados a su espíritu, como lo estaban en el cuadro de la naturaleza. Si una encina se llamaba A, la otra se llamaba B, pues la primera idea que se obtiene de dos cosas es que ambas no son las mismas [...] de manera que cuanto más se limitan los conocimientos, más extenso se hace el diccionario».
La afirmación con que concluye Rousseau el párrafo me parece muy esclarecedora. A tenor de esto (y muy directamente) podemos remontarnos a los griegos clásicos, concrétamente a (y sin rodeos innecesarios) Platón, y observarlo, teniendo en cuenta el marco en el que estamos, como el realizador de un ideario oficial que aglutina la paja de un diccionario primitivo en montones de Ideas.
¡Si es que todo se puede pensar de todos!
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1 comentarios:
Lo que te tiran los griegos eh? Yo me quedo con la cara de pocos amigos de Heráclito XD
Parece que hace frío... :****
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