domingo 4 de enero de 2009

Autárquico

Vivía sólo, no tenía trabajo, carecía de aficiones y de amigos y dormía en el sofá plácidamente; no pagar las facturas no le ponía nervioso.
Era una especie de hikikomori occidental, griego -filosóficamente hablando -de entrado en carnes, pero tan replegado sobre sí mismo que todo él parecía una esfera armoniosa.
Aquel hombre, sin embargo, era el mejor asesino de las críticas.

3 comentarios:

Esther dijo...

como molan las palabras japonesas xd

José Manuel Chico dijo...

Me recuerda a una canción de Lory Meyers. Alta fidelidad creo que se llama. Por cierto, enhorabuena por cómo escribes.
Un abrazo!!

A. dijo...

Eterna felicidad pseudo-edonista, que te da igual sal que azúcar pero comes siempre pollo frito